Este último mes ha sido muy duro para mí. Todo empezó cuando hospitalizaron a mi tía Gladys y pensamos que se iba a recuperar en el hospital, aunque sea de forma lenta pero segura. Hicimos todo lo posible y la fuimos a visitar yo, mi padre, mi hermano y mi tío Héctor. Mi tío ayudó mucho y le agradecemos por todo lo que ha hecho por nosotros, pero tristemente tuvo un problema y falleció poco después de que pensáramos que mejoraría y volvería a su casa sin problemas. Mi tío hizo mucho por mi familia y, a pesar de que no vivía acá, nos visitaba seguido y casi siempre venía a los cumpleaños. Tan solo 12 días después de su fallecimiento nos enteramos de que mi tía Gladys había fallecido, y aún no lo podemos digerir.
Ambos fueron los más fuertes de sus seis hermanos y los que más hicieron por nosotros, y a pesar de no haber sido los mayores y haber tenido buena salud hasta relativamente poco antes de su fallecimiento fueron los primeros en irse; creo que debe ser una señal. Por más que pase el tiempo seguiremos recordándolos a ambos, cada vez con menos pena y con más cariño, así como se trata de mis abuelos maternos, sus padres. Viviremos con la esperanza de volver a encontrarnos en el Cielo y vivir en una plena felicidad allá. Hay que entender que no siempre ocurren las cosas como queremos, a pesar de que tengamos esperanzas hasta el último momento, y hay que entender lo que sea que Dios permita que nos suceda. Hay que agradecer por todo el tiempo que permitió que pasara por nosotros y porque nos dio tiempo de prepararnos (mientras estuvo en el hospital),
Creo que tanto Gladys como Héctor cumplieron con sus objetivos en esta vida: Héctor fue militar y formó una familia y Gladys terminó más de una carrera y apoyó mucho a sus padres y hermanos trabajando desde temprana edad. Lo menos que podemos hacer es recordar todos los consejos que nos dieron y hacerles caso, para mejorar como personas y familia. Si bien Gladys no tuvo hijos, fue como una madre para mi hermano y la amé de forma similar a una madre.
Al enterarme de que Héctor había fallecido comprendí lo que era perder a un tío, y ahora lo sé más. A pesar de que Glady estuvo viviendo conmigo toda mi vida, no lloré como cuando murió Héctor, sino son lágrimas que se han ido repartiendo desde que me enteré de que tenía un tumor y apareció en mi mente el pensamiento de que iba a morir. Desde mediados de enero he estado llorando, preocupándome mucho por ella, rezando por su recuperación y recordándola. Le pedía a Dios que por lo menos tengamos la oportunidad de volver a hablarle... supongo que no será en esta vida. Como mínimo quería que ella supiera lo mucho que la amamos, y creo que Dios se lo ha contado.
Es realmente duro perder familiares, de niño no me afectaba tanto como ahora pero ahora lo sé bien, y sé que voy a perder más familiares con el pasar de los años pero la vida sigue, y hay que ser fuertes. Unos vienen y otros se van, y hay que dar lo mejor de nosotros por los más jóvenes, para asegurarles un buen futuro y también su felicidad.
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